LA DESAPARICIÓN DE ROBERTO MÉNDEZ. (Esto... no creerás... 8)

—Esto… no creerás… esto es un montaje. Eugenia, te lo juro. Esto es un montaje —le repitió con una risa nerviosa mientras hojeaba la revista.

En las páginas interiores, él aparecía en una sucesión de fotos robadas, junto a una chica, en posturas muy comprometidas.
            —La policía me acaba de informar de que han interrogado al personal del hotel, a la chica y al fotógrafo. Todos te han identificado. A pesar de que te registraste con un nombre falso.
            —¡Mienten! Con dinero se puede comprar la verdad y vender la mentira.
            —La chica… la de las fotos —puntualizó Eugenia—, ha descrito algunos detalles de tu anatomía que no están a la vista. Y si no me equivoco, mañana a más tardar, estará en algún plató de televisión contando todos los detalles de los casi tres días que pasó contigo.
            —¡Eso no prueba nada! —Gritó Roberto— ¿Y el golpe que tengo en la cabeza? Vamos… dime… —la desafió unos segundos con la mirada— Y… yo jamás me pondría este ridículo bañador —añadió golpeando una de las fotos con el dedo, completamente fuera de sí.
            —Pues, esta mañana lo llevabas puesto cuando los chiquillos te encontraron tirado bocarriba en la escalera que conduce a la playa… la que está junto al hotelito de las fotos. Es más, tu móvil estaba en uno de los bolsillos del bañador.
            —Eso es imposible. Te repito que he sido drogado, secuestrado y golpeado—dijo Roberto machacando cada palabra—. Quiero que me hagan un examen toxicológico —pidió esperanzado.
            —Ya lo han hecho. Positivo en alcohol, sólo en alcohol—contestó ella— Te sugiero, por tu bien, que dejes ya la historia del secuestro si no quieres que la policía te acuse de inventarte un delito.
            —¡Qué estupidez! ¿Para qué quiero liarme con esa chica cuando tengo a… —Roberto se mordió la lengua. Si mencionaba a Jacqueline y el plan que habían tramado juntos, los abogados de su amante y los de ALCUMETSA se lo comerían vivo— una esposa como tú? —dijo completando la interrogación.
            —Gracias, querido —Le respondió Eugenia, dándose la vuelta para marcharse.
            —¡Te vas! ¿No vas a ayudarme?
            —Claro que sí, mi amor, claro que voy a ayudarte. Voy a pagar la mudanza de todas tus pertenencias… a tu nuevo domicilio. Hazle llegar a mi abogado tu nueva dirección.

            Eugenia salió de la habitación sin mirar atrás.
(Mañana último capítulo)