LA BÚSQUEDA

Pequeña y gastada,
la pieza no encaja:
le sobra una esquina,
un hueco le falta.

Hoy, igual que ayer,
la acarician suaves manos,
y con mimo la guardan otra vez.

Prisionera en el cajón,
agonizan sus sueños:
No fue nube del cielo.
No fue amapola del jardín.
No fue agua del río.
No fue abrazo de los amantes.
No fue rima de un verso.
No encajó.

Mañana, las suaves manos
le susurrarán de nuevo al oído:
“Ten paciencia, pequeña,
en este inmenso rompecabezas
hay un lugar para cada pieza”.