LA DESAPARICIÓN DE ROBERTO MÉNDEZ. (Su temor se confirmó. 3)

Su temor se confirmó cuando descubrió la marca de un pinchazo en su brazo izquierdo y se acrecentó unos segundos más tarde, al agarrarse  la cara con una mano y sentir el roce de una incipiente barba. 

Saltó de la cama, esta vez las piernas se mantuvieron firmes, dispuesto a buscar una escapatoria a su presunto cautiverio.
            El túnel estaba cerrado por un muro en uno sus extremos y por el otro, una recia puerta encastrada en la pared le impedía la salida. Tanto el muro como la puerta parecían instalados allí recientemente. La poca luz que le llegaba provenía de unos apliques en el suelo. Registró cada rincón de la celda; en uno de ellos reposaba un cántaro con agua y debajo de la cama, un orinal limpio.
            Ya no tenía dudas: alguien lo retenía por la fuerza.

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—¿Se ha despertado ya? —preguntó el francés al entrar en la silenciosa sala.
—Sí, acaba de hacerlo. Está buscando una salida —contestó el otro hombre que vigilaba los monitores, sin más compañía que una lata de Coca-cola.
—No tardará en darse cuenta de que ha sido secuestrado —masculló el francés.
—Ahora grita y da patadas a la puerta — dijo el otro antes de sorber ruidosamente su refresco.
—Pronto se cansará y entonces, seguiremos con el plan. ¡Y no bebas como un cerdo! —le recriminó con acritud el primero.

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(Continuará mañana)