Al fin, también en papel


La chica, sentada en un rincón del suelo de la celda, apoyó la cabeza sobre sus rodillas y las rodeó con sus brazos. La noche anterior, con su cabeza reposada sobre sábanas de seda, había alumbrado sueños de felicidad que la arrullaron hasta la aurora. Sin embargo, en este instante, ni las pesadillas se atrevían a luchar contra los negros pensamientos que la atormentaban. (Os invito a terminar de leer esta historia en www.amazon.es).